Bendición Tras Bendición

Guatemala
Energía renovable

Antes de convertirse en agricultor, Don César había sido desde siempre taxista. Una noche la vida lo llevó a cambiar de oficio y emprender el camino de la agricultura orgánica. Decisión que para él ha sido de las mejores de su vida.

El presente para don César es eso, un regalo. Lo vive feliz junto con doña Lulú - su esposa - y Madeline, su hija de once años. 

206 km noreste de Ciudad de Guatemala se encuentra la casa de esta linda familia. Una estructura de dos pisos, y una azotea donde moran las abejas. Don César también es apicultor. En la parte de atrás, el huerto, cuyo acceso obliga a atravesar el espacio en el que vive Petunia, su vaca.

Gracias a un biodigestor tienen gas las 24 horas del día y como consecuencia indirecta del mismo les tocó vivir una experiencia que los hace una familia única en Guatemala.

 

Inicios

Uno de los tantos “segundo domingo de mes” en los que don César va a vender al Mercado Orgánico de Quetzaltenango se acercaron a él representantes de ALTERNA - una organización que brinda apoyo a la gente emprendedora - para decirle que querían compartir su experiencia en la agricultura orgánica. La primera bendición - como le llama don César - que salió de aquel primer encuentro fue un invernadero. No obstante, fue la segunda la que hoy -según él mismo cuenta - lo hace uno de los hombres más felices del mundo.

Poco tiempo después de que ALTERNA le facilitara el invernadero, a don César le comunicaron la noticia de que le darían un biodigestor. Ni él, ni su esposa doña Lulú, ni su hija Made, sabían siquiera de qué se trataba aquello. Lo único que sabían es que para que aquello funcionara debía tener al menos una vaca.

Conseguirla no sería fácil, pero tampoco un impedimento para adentrarse en algo que les ilusionaba emprender. 

Los primeros dos meses don César tuvo que comprar el estiércol. Amigos y vecinos le ayudaron a abrir una zanja en el patio que no tardó en convertirse en el lugar favorito de Made para sus juegos y aventuras, hasta el día que llegaron a instalar el biodigestor.

Para llenarlo todos ayudaron a batir el estiércol. 50 días era el tiempo estimado para que el proceso se completara y se pudieran ver los resultados. En el periodo de espera compraron a Petunia, su vaca. La misma que hoy es para ellos una bendición multiplicada por tres.

Al cabo de los 50 días tenían vaca, mas no gas. Tuvo que pasar otra semana más para que un día  no muy distinto de los que ya habían pasado, se escuchara en casa el grito emocionado de doña Lulú, “¡ya prendió, ya prendió!”. Aquel 10 de mayo del 2014 nada más treinta minutos duro el gas (biogas). 

Después de una espera tan larga podría parecer poco tiempo, para ellos lejos de ser una decepción fue esperanza, alegría. Al día siguiente fue aumentando, al otro también, a los 8 días ya tenían 6 horas de gas, a los 15, 8 horas, al mes las veinticuatro.

No siempre es igual la cantidad de horas, dependiendo del clima baja el número. En tiempo nublado no hay fuerza de gas porque no hay calentamiento, mucho menos cuando está lloviendo. Si no hay sol, no hay gas. Esos son los pequeños detalles de la tecnología; pero para ellos hasta los días grises son felices.

Un año llevan ya de pura felicidad, desde el momento en el que se instaló el biodigestor. Cocinan de todo: frijoles -que tanto tardan para cocerse - maíz, carne, caldo, y todo tipo de alimento que requiera un tiempo de cocción prolongado, el biogas para todo les alcanza.

Lo que dice doña Lulú que no le alcanzará es la vida para agradecer tanta bendición bonita que les ha llegado desde el día en que le dijeron sí a la energía limpia.

 

Petunia. 

Don César compró la vaca de 9 meses. En la temporada de prueba del biodigestor como él mismo dice - le pidió un macho - y ese encuentro resultó en preñés. Petunia estaba esperando. Más vacas significan más estiércol, es decir, más combustible para alimentar el biodigestor. Una fortuna más que venía a complementar las que ya tan fervientemente agradecían.

Fue un 29 de Julio, de madrugada, para amanecer 30. Don César le pidió a un amigo que le ayudara pues su vaca ya iba a dar a luz. Empezó a las 5, pasaron las 6, las 7, las 8, las 9…a las 10:30 nació Angélica.

No los convenció. Era demasiado pequeña para la panzona que tenía la vaca. Muy chiquitita. Extrañados la limpiaron y revisaron que todo estuviera bien. La dejaron descansar, 12 minutos después Copo hacía su llegada al mundo, según don César ese estaba más “chulo”. 

¿Dos? Doña Lulú subió a su cuarto a llorar de la felicidad, no podía contener la emoción y agradecimiento con Dios.

Se acostó la vaca a descasar pensaron, hasta darse cuenta que aquel gesto del animal era su forma de prepararse para el tercer parto, Pepa. Sin saber qué hacer, eufóricos y emocionados ya no tenían con qué limpiar al último ternero - y es que claro, solo estaban preparados para uno y ahora tenían tres - entonces doña Lulú alcanzó sus faldas y con ellas lo cubrieron.

Angélica, Copo y Pepa son los primeros y únicos terneros “trillizos” de Guatemala. En el mundo se conocen apenas un puñado de casos similares.

Este milagro le valió a la familia Rodriguez Crisóstomo varias páginas en los periódicos. “¿Para qué tiene vacas?” Le preguntaban los periodistas, la explicación los sorprendía más que el mismo hecho del parto triple y al final eran de doble temática las entrevistas. Generar gas a base de estiércol sin lugar a dudas rompe la normalidad, desde la teoría indiscutiblemente un hecho noticioso.

Si por la víspera se saca el día, después de ese 29 de Julio -bromea don César - ya tienen para tres biodigestores más.

 

Ahorro. Cultivos. Medio ambiente.

Los días de doña Lulú antes del biodigestor, consistían en ir a comprar leña y cilindros de gas. El gas era un gasto de casa mes, en ocasiones el cilindro se terminaba a los 15 días, por lo que gastaba dos cilindros cada 30 días. Ahora gasta un cilindro cada 4 meses -uno que tienen solo para emergencias - y ya no compra leña.

De la mano del ahorro vienen muchos otros beneficios que don César, doña Lulú y Made reciben de esta tecnología verde. El biol.

Lo que para algunos podría ser solo un desecho para don César como agricultor orgánico, desde hace más de 5 años, es fuente vital de crecimiento. 

Detrás de la casa se encuentra su huerto. Tomate, chile jalapeño, chile pimiento, chile cobán, chile habanero, ayote y una milpa cuyas mazorcas alcanzan casi los dos metros de alto. Todo lo cultiva  y abona con biol. Los resultados son notorios.

La gente ha visto estos resultados y ya conocen el secreto de don César, que ni tan secreto es, porque él mismo busca la manera de compartirlo. No hace mucho que envasa el biol producido en su casa, y en la feria cuando lo vende pocas veces alcanza. 

 

Compartir conocimiento. Aprendizaje constante.

Don César, doña Lulú y Made, se han convertido en los maestros de su propia escuelita, su casa. Están para servirle a quién los quieran visitar. Llegan muchos grupos de zonas rurales, periodistas  y hasta los compañeritos de escuela de Made han pasado a visitar.

De no entender siquiera la palabra, hoy en día don César es todo un experto. Conforme pasa el tiempo comprende mucho mejor el proceso, lo que le ha permitido potenciar la materia prima para obtener mejores resultados. Es dueño de chanchos, gallinas y hasta lombrices; todos los desechos que estos animalitos producen los mezcla con la boñiga de vaca y ha llegado a obtener mejores resultados.

La disposición espacial en la parte en donde están los animales, ideada por él mismo, le permite casi de forma automática la recolección de los desechos. El lugar tiene un pequeño desnivel el cual permite que los orines de los animales caigan casi que directamente al tubo que conecta ese espacio con la pila donde se revuelve el agua con el estiércol; facilitando de esta forma el proceso de alimentación al biodigestor.

Cultivo orgánico, proceso y funcionamiento del biodigestor, resultados, experiencias y conocimiento, el que poco a poco han ido adquiriendo con los años. Eso es lo que a don César le gusta transmitir lo que él ha aprendido. Y con ello no ganan nada más que el cálido sentimiento que les deja compartir con las personas, como una forma de agradecerle a la vida por todas las bendiciones que han recibido. Bajo la premisa de que lo que uno da, Dios lo multiplica.

 

En una palabra

¿Cómo describirían el biodigestor? Doña Lulú: “bendición”. Don César: “prosperidad”. Made: “progreso”.